Roomies; nada es para siempre.

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Dejé la casa de mis papás cuando tenía 19 años, en ese entonces me fui porque tenía que estudiar la universidad, fue la primera vez que dejé de estar en el ‘núcleo familiar’ recuerdo que tenía muchas ganas de estar lejos y además estaba un poco cansado de la dinámica familiar.  Mi familia era muy unida en ese entonces, hacíamos muchas cosas juntos, el trabajo de mis padres les permitía pasar mucho tiempo juntos; desayunos, comidas, cenas, trayectos, descansos, etcétera. Todo lo hacíamos juntos. Pero empiezas a crecer y necesitas espacio, entonces el pretexto fue ‘estudiar la universidad’. La pasé bien, siendo muy honesto, me dedique a hacerlo, llené mis horarios de materias al grado de salir cada día a las 9:00pm de clases. Todo bien con eso, me parece que fui un buen estudiante.

A partir de esa experiencia aprendí a convivir con personas que no son de mi familia, en un principio eran otros estudiantes que llegaban a vivir en las pensiones que estuve, hasta que finalmente me ‘mude con alguien’ compartimos una casa, fue raro porque nunca estaba, coincidamos en clases hasta que empezó a tener novia y pues menos lo veía, una vez tuve que limpiar sus tortugas porque llevaban varias semanas ahí en el abandono. Nos separamos porque me tuve que ir a estudiar fuera del país. 

Mientras estudié fuera tuve otros 3 compañeros de departamento, roomies que les dicen, un desastre, o sea fue bueno, pero 4 mexicanos fuera de su país, todo nuevo, jóvenes y radiantes ¡la locura! Entre los excesos, fiesta, el alcohol e intentar llevar una vida estudiantil eventualmente todo se salía de control, pero aprendí mucho del compañerismo. Nos separamos porque eso se acabo, mi estancia en ese lugar se terminó, dos infecciones en la garganta, el clima y el ambiente me tenían cansado y algo enfermillo. Pero también comprendí como alguien que tiene apenas un mes de conocerte puede cuidarte y procurarte; hermandad. Finalmente, en ese momento, éramos lo único que teníamos.

Pasé gran parte de mi vida estudiantil entre casas compartidas, gente nueva, hombres, mujeres, mejores amigos, dramas y demás, toda esa dinámica te roba la energía pero también te deja grandes aprendizajes. En este tiempo he tenido descansos para estar completamente sólo (o como ahora digo, conmigo) Tengo una lista inmensa de personas con las que ‘terminé mal’ y otras con las que solo terminé, cada persona con la que he vivido ha sido como tener una relación de noviazgo, sin sexo y besos, pero compartiendo nuestros más íntimos secretos. Eso es una relación ¿no, así aprendes a relacionarte con los demás o así es vivir con alguien?

Sin victimizarme, obvio me he topado con todo tipo de personas desde los mas interesados, soberbios, maliciosos hasta los más bondadosos, hemos terminado bien y mal, hemos terminado. Ahora comprendo que solo terminamos y ya. No hay mucho que decir más que agradecer por todas las enseñanzas.  Con el tiempo aprendes mucho más de lo que recibes, la gran enseñanza me la dió uno de mis mejores amigos que me dijo – lo mejor en estos casos es hacerte de tus cosas y tú ser dueño, amo y señor del lugar, así decides quién se queda y quién se va en el momento que quieras – (más o menos eso dijo) lo aprendí a la mala. 

Un día, después de regresar del trabajo, harto de un ex al que finalmente le dije -llévate todo pero por favor vete- encontré el departamento vacío, honestamente sabia que eso iba a pasar, solo que no me dió tiempo de ir por mi nueva cama, esa noche dormí en el piso con mis 3 gatos, pero me prometí que ese tipo de cosas no me volverían a pasar. No le había dicho a mis papás que tenía una relación con un vato, así que lo pasé realmente sólo, con mucha fuerza interior porque estoy convencido que eso me tenía que pasar. 

Dejé ese depa y me hice de mis cosas, empecé de nuevo, me quedé con Ana unas 3 semanas, me dejó dormir en su sofá, honestamente no tenía ánimos de nada, pero había que trabajar así que salí adelante: Se logró. 

En días anteriores se terminó otra relación de roomies, una chica que vivía conmigo se fue, los detalles son lo de menos, esto solo vino a reforzar la idea de que nada es para siempre, pero esta vez sí hice lo mejor que pude, conscientemente y ahora sí, sin esperar nada a cambio y al final del día tuve que ver por mi bienestar como hizo ella que me parece fue el mejor regalo de esta temporada. Quedé harto de vivir entre su depresión, baja autoestima y toxicidad, cuando trabajas tanto en ti, ya no quieres estar rodeado de la mierda de alguien mas y tampoco quieres andar embarrando a nadie con tu mierda; entonces estoy seguro fue un gran ejercicio separarnos. Cada persona trae un aprendizaje a tu vida, quiero compartir con ustedes el de ésta vez:

No hay nada que puedas hacer para sanar a alguien más, si esa persona no quiere sanarse no va a pasar. Tampoco puedes presionar a nadie a que tenga un ritmo similar al tuyo, por lo tanto eso tarde o temprano te lo van a reprochar y finalmente las cosas fabulosas que te pasan no son compartidas, tu felicidad no lo es, si tu eres feliz, sé feliz con eso pero no esperes que alguien ‘cercano’ lo sea por ti. 

Me quedo con eso, me da gusto la nueva temporada que comienza y las nuevas personas que se integran a mi vida, estoy convencido que habrá nuevos aprendizajes y cada día es una oportunidad de hacerlo mejor. 

¿Qué experiencia has tenido compartiendo tu vida con roomies? ¡Cuéntame!

Xo.

A. 

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