En medio de la nada (memorias de un viaje al sur)

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Emprendí este viaje como medida obligada por mi acompañante, ha sido un año complicado y no tenía para nada ganas de viajar y mucho menos de adentrarme en la naturaleza. Tenía dos semanas que se cumplió un año de que rompí con G y todos los recuerdos votaban en mi cabeza con miles de preguntas sin respuesta. Me intrigan cosas como ¿qué estaría pasando ahora si no hubiéramos terminado, seriamos felices, aún estaríamos juntos?

Incluso creo que este viaje tal vez en lugar de ser solo sería con él, pero no. Estoy aquí en el fin del mundo o en el fin de mi mundo, hacia una semana que le mande un mensaje diciendo «te extraño» y como él es, se mantiene fiel a lo que es o quizá me tiene bloqueado pero no obtuve respuestas, ¿qué respuesta querías, Alejandro?

Quiero que me ame, que me escriba y que me diga cuánto me ha extrañado, todo lo difícil que la vida ha sido sin mi en este año qué pasó, que me busque, que me abrace, quiero sentir su cuerpo y volver a tener todas esas ilusiones que tenía cuando estaba con él, quiero amarlo y que me ame como nos prometimos y que viajemos a Disney como queríamos, que vayamos a Six Flags en LA y que nos besemos en medio de un juego mecánico, quiero pedirle matrimonio enfrente del castillo de Cenicienta y solamente abrazar su cuerpo gordo mientras contemplamos el atardecer.

Pero no va a pasar porque eso se ha quedado en el pasado, porque seguramente ya hizo su vida sin mí y ni siquiera quepo ahí, y para ser honesto yo he hecho lo mismo, a pesar de tener todas estas ilusiones me he repuesto y por eso decidí hacer este viaje, y por eso llevo estos meses viajando sin que nadie lo sepa. Mis constantes ausencias son eso, ausencias de la Ciudad, salidas esporádicas para estar conmigo en mi soledad y aprender a vivir conmigo. Por eso a veces me ausento del mundo, dos veces he estado a punto de arrojar mi celular al mar o a una poza y no saber nada del puto mundo.

Lo que sigue haciéndome ruido es que en cada viaje, en cada momento de soledad, incluso en cada momento con otra persona está él, como un fantasma, como algo que se ve borroso pero no tiene cara. Ha sido tortuoso voltear a ver los tatuajes que me hice para tener su memoria para siempre, ahora honrando mi capacidad de amar y la su memoria. ¿Me volveré a enamorar?

Siempre, siempre que termina este pensamiento surge esa pregunta y hay un silencio incómodo interior en donde solamente sonrío y me digo – espero que sí, por tu bien espero que sí –

Este viaje ha sido el más lejano, sin darme cuenta he respirado arriba de la pirámide más alta, veo la naturaleza, está vez traje una cámara para retratar la naturaleza, repite el oxigeno directo de los árboles. Tome fotos del cielo como nunca, me despeje y también me tome selfies (aunque las odio) a ratos me quedo mirando al horizonte esperan que aparezca él.

Me tome una foto frente a un espejo en el hotel, salí a caminar en la noche y me he mojado bajo la lluvia. Hoy en el desayuno una de mis acompañantes dijo que soy amable y después me preguntaron por mis tatuajes; por fin pude decir que los de los dedos son por él «es lo malo, que son para siempre» fue lo que me dijeron cuando conté la historia de que ya no estamos juntos. ¡Échale sal a la herida! Total, ¿qué más puede doler ahora?

Subí otra montaña y nade dentro de una cueva esperaba que algún animal me comiera o me jalara al fondo de la cueva ¡caray! Hubiera sido una buena historia. Me imagino los titulares «Pulpo gigante hunde a hombre dentro de una cueva» era un buen titular.

La salida de la cueva fue compleja, estaba muy resbaloso pero no me importó casi quede desnudo y me metí a nada, al salir me vestí y me tome algunas fotos, después de la cueva baje por una especie de zona húmeda, había varias cascadas y me quede un rato por ahí dejando que me cayera el agua, hasta me tomaron una fotografía.

Mientras regresaba pensé en ti, ¿te acuerdas que te dan miedo estás cosas? Pensé qué tal ve hubieras entrado a la cueva conmigo pero no te hubieras metido a la poza, creo que tú hubieras sido el que me tomaría las fotos, aunque odias la naturaleza a mi no me da miedo. Fantasee un poco como sería este momento si estuvieras acá, hasta me inventé un diálogo.

Escucho tu voz diciendo – tu metete, amor. Yo de acá te veo – y seguramente yo respondería – ¡ven! Ándale no está fría el agua, métete conmigo –

Me estoy volviendo loco, hahahaha, esa es mi risa nerviosa. Voy camino a una zona más lejana, más al sur, espero estas aguas me ayuden a olvidarlo por completo o a sacarlo de mi corazón. Tal vez si me aviento de la pirámide más alta por fin me lo saque de la cabeza. Como sea, la naturaleza es hermosa, me da el aire en la cara. Haré una pausa para apreciar.

La bajada.

Subí las escaleras para encontrar agua pura, recién deje de pensar en él y me concentré en apreciar, veía el agua bajar, agua azul muy clara, casi tan clara como el amor que le tenía. Tenía que seguir, estaba caminando y subiendo tan alto que mi corazón no podía detenerse ahora, no está vez.

Llegue a un punto en el que estaba solo, ahora la gente se había quedado atrás, este punto es a donde casi nadie llega, me dijo un vendedor, es la zona más alta y un poco peligrosa porque el agua es más recia y corres el riesgo de que te arrastre hacia abajo, si por accidente llegara a suceder eso te morirías en la primera caída, es tan rápida la onda que no tendrías tiempo de nada y probablemente te ahogarías si es que antes no se te rompen los huesos. Pero estaba aquí, justo en la cima y una parte de mi quería aventarse , porque la mejor manera de terminar con el dolor del corazón es quizá muriendo. Pero no lo hice, solo imaginé mi muerte y entre pensamientos supe que no es necesario llegar a eso, tantos meses de recuperación no pueden terminar con mi muerte desde la cima de una montaña con agua, pensé.

Muy entre las pozas busque un espacio donde corriera el agua para tomar algunas fotos y quizá mojar mis pies, encontré un espacio pequeño pero sólido; moje mis pies y mis manos, mientras sentía el agua me dieron ganas de mojarme por completo así que no tarde y cuando me di cuenta estaba sin ropa dejando que todo el agua me enfriara el cuerpo, camine a gatas por la orilla de la poza para después dejaré caer, parecía bajo pero no, no sentí el piso y comencé a nada moviendo los pies para no hundirme era raro, no sentía el fondo pero todo se veía fan azul que me sentía seguro. Quizá la luz ayudaba, observaba al fondo y pensaba – en que momento el pulpo que me faltaba en la cueva saldría por aquí y ahora sí me llevaría al fondo –

Nade un rato, me acerqué a la orilla del lado de la cascada, me pegue ahí dejando que el agua me cayera en la cabeza, mientras eso pasaba fantaseaba con la idea de encontrarlo, qué diría ahora, seguro él no hubiera llegado a este punto conmigo. Volví a la realidad y me di cuenta que mi ropa se estaba mojando en la orilla, después de una hora de nadar libre y pensar la forma en la que un pulpo o una caída cuesta abajo me mataría desperté, me acerqué para salirme y me costó más trabajo de lo que imaginé, mis piernas estaban entumidas, me arrastre cómo pude hasta que logre subir y salir.

El agua estaba tan helada que me había comenzado a entumir, lo más extraño es que no lo note. Tome mi ropa, me arregle y me alisté para iniciar con la bajada, tenía mucha hambre, odio los silencios absolutos, son cuando pienso en él o en que tengo hambre. Quisiera sustituir el hambre por otro tipo de pensamientos, no sé, tal vez pensar en inteligencia artificial ¡bah! Qué sé yo.

Comencé la bajada, era casi la puesta del sol, entre que se pone la noche y el cielo está naranja. Sabía que tenía que bajar ya de ahí, había muchos anuncios de que comenzaba la lluvia y era más complejo, ¿y si me quedaba ahí arriba para siempre? No, no lo hice. Camine mientras cada vez se ponía más obscuro el cielo, por un momento me olvide de él y estaba feliz. Nade tranquilamente en una poza para mi solo, no morí y me sentía muy feliz por ello.

Cuidaba mucho por donde caminaba, realmente, aunque siempre lo pienso, no quiero una muerte así de trágica. A lo lejos vi que bajaba más gente pero ya solamente veía sombras. De repente me quede quieto, en paz vi una sombra muy grande, como del tamaño de él, gordo, alto con barba, no alcanzaba a distinguir por la contraluz. Es él, pensé, mi momento sex and the city estaba pasando, estaba del otro lado del mundo y estaba encontrándome por casualidad al hombre que más he amado, sentí mi mirada, sentí mi cara, me desconecte de mi, pensé en como me vería, no estoy listo, esto no puede ser verdad.

Se acercó la sombra hacia mi, y en ese momento pensé qué tal vez venía con alguien más, obvio no me iba a hablar aunque yo muriera de ganas de abrazarlo no me voltearía a ver ¿por qué lo haría? Además en que mundo real lo iba a encontrar, dieron muchos pensamientos en un segundo.

Levante la mirada, la sombra estaba más cerca, se había aclarado todo no era él, una vez más fui víctima de mis fantasías y mis ilusiones rotas.

Llegue al final del trayecto para tomar el bus que me llevaría a la siguiente ciudad, estoy cansado pero necesito ir más lejos para sacarlo de mi alma, para arrancármelo del corazón. Necesito este momento más de lo que lo necesito a él.

El amor de las luciérnagas.

Tuve pesadillas y desperté a eso de las 4:00 am, tenía mucho estrés porque viaje de hoy, era relevante y sabía que hoy me encontraría con el destino. Las pesadillas como siempre fueron con él, tiene dos semanas que pasan recurrente, ya deje de sufrirlas, al principio lloraba y después ya comenzaba a ser irritante, esta vez nada más me quede pasmado, estaba en otro sitio, en otro lugar, cómo es que la mente te puede jugar tan sucio al nivel de ocupar tu subconsciente con alguien que no está y que sabes que no estará.

Regrese a la cama, me dormí otro rato, el trayecto inició a las 8:00am, recorrería algunos lagos y lagunas además tendría la posibilidad de nadar y de llegar a la frontera a ese lago gigante que tanto esperaba ver. Llegamos al lugar y empezó el recorrido, había dos opciones para hacer el recorrido, tomé el que me pareció mejor, una balsa de corcho, tuve miedo porque soy gordo y pensé que me hundiría, pero no fue así.

El recorrido fue de una hora, pasé por varios lagos, algunos con profundidades muy bajas, como siempre pensé en saltar varías veces, pero no lo hice, hoy estaba más motivado porque hoy venía con un objetivo… vivir. Llegamos al muelle, baje y camine un rato a la cima, tenía que encontrarme conmigo, seguramente en la cima lo haría, necesitaba ese espacio de aire puro. Así fue como encontré ese lugar, desde ahí se podía apreciar todos los lagos, estaba feliz, tomé algunas fotos y después de un rato bajé. Me sentía calmado, aún no estaba sano pero estos momentos en que puedes apreciar la naturaleza te queda la mente en blanco y solo puedes ocuparla en disfrutar así que eso hice, disfrute el momento, respire profundo y regresé en mi.

Como parte del recorrido me podía meter al lago, no tarde en hacerlo, me arroje como si no deseara salir, a pesar de tener el chaleco flotador, me sumergí hasta el fondo, estaba en la parte más profunda y logré llegar casi al fondo, tome arena y subí a la superficie, me quede ahí un buen rato, sentía la corriente en mis pies y otra vez esa imagen del pulpo gigante venía a mi, ¿será que esta vez vendrá por mi?.

El recorrido terminó, me esperaba la frontera y ese lago por el que tanto tiempo esperé, durante el trayecto solo pensaba en el amor de las luciérnagas, ¡que simbólico! estaba en por llegar a ese lugar el lugar en el que, según la historia, me enfrentaría a mi otro yo y finalmente lo perdería en el lago, tal vez hasta me hundiría y mi otro yo se quedaría con todo lo que yo había luchado y deseado. Tendría la posibilidad de ver como se terminarían mis sueños y regresar a mi país con el corazón destrozado pero de pie, porque finalmente dejaría ir todo.

La experiencia fue mágica, conforme llegaba veía el lago, se me llenaron los ojos de lagrimas, al instante supe que era el lugar, estaba ahí, quería aventarme y sacarme el dolor de inmediato, quería curarme de todo de una vez por todas.

No pude, no pude arrojarme, porque no quiero morir, pero si contemple toda la inmensidad del lago, es gigante; cruza hasta el otro país vecino, el aire estaba fuerte y movía muchísimo el agua. Me acerque al muelle y esta vez no me contuve, estaba ya la puesta del sol y eso le dio mucho más dramatismo al momento, era ahora o nunca.

Comencé a llorar, entre la emoción y la tristeza, llegué aquí porque era el momento en el que todo se acababa, tenía que soltarlo y así fue. Mientras en mi cabeza repetía nuestra canción solamente mire al cielo y pronuncie su nombre con un «adiós para siempre» ya no podía tenerlo amarrado a mi, a mi cuerpo o a mi sangre, esta vez no había manera, ya no tenía justificación, era él o yo. Y no emprendí este viaje solamente en vano, mi otro yo se tenía que ir, con él y con todos esos recuerdos. Mientras lloraba, le entregue mi tristeza al lago, y le entregue mi corazón al universo.

La brisa seco mis lagrimas después de un rato, lo deje ir con él se cerraba el ciclo, estaba del otro lado del mundo despidiéndome del amor de mi vida, o de quien había pensado era el amor de mi vida. Solamente me quedaba algo que hacer, cruzar y ahora sí convencerme de que había dejado atrás ese amor. Quería un abrazo, quería seguir llorando pero se hacía tarde y tenía que regresar a mi lugar de descanso.

Tenía hambre, uno puede estar enamorado pero el hambre es algo que te hace olvidar el amor, busqué comida, compré agua, todo sabía diferente, la comida, el agua, el jugo y algunos dulces que comí, fue como si estuviera en un lugar mágico. No, no estoy curado, es solamente el peso que se quito de mi, es esta carga que ya no es una carga, ahora mi pregunta es ¿qué será mi dolor ahora? me he acostumbrado a sufrir por alguien a quien no le importo y me estacione ahí, ¿ahora por quien voy a sufrir, será qué todo este tiempo a lo que le tenía miedo era a vivir sin ese dolor?

¡Eres libre!, eres libre de él, me repetía una y otra vez en mi mente.

La ciudad blanca

Llegué a la ciudad blanca con nuevas ilusiones, me había recargado de energía y el trayecto había sido un poco abrumador, me sentía liberado, como si hubiera descargado todas mis energías negativas, era como un reset, el asunto es que ahora tenía todo nuevo, todo blanco, tenía la oportunidad de empezar de nuevo y la ciudad blanca era el mejor lugar para hacerlo, esta cosa de empezar a escribir memorias nuevas y construir pensamientos alrededor de mi nueva felicidad parecía una tarea fácil pero estaba tan acostumbrado a sufrir que no estaba seguro de lograrlo.

Me instale en el hotel, revise que todo estuviera correcto, salí a caminar cada calle era de un color diferente y las construcciones eran similares, parece que todas las personas en este lugar se esforzaron por que se viera bonito, recorrí una y otra y otra calle hasta que llegue a la avenida principal, este lugar es mas una ciudad, pensé. Ahora había comercios, por un lado vendían café, por otro chocolate, muchas tiendas de medicina herbolaria, muchas frutas, grandes y no convencionales. Compre un puño de cerezas, quería comerlas mientras apreciaba el camino principal hacia la plaza central en donde podría comprar, ver y comer.

Vi muchos colores, en algún momento me quede parado en el centro de la calle, solamente observando a las personas pasar, quería ver como era la gente aquí, altos, bajos, grandes, pequeños, robustos, indigenas, de color blanco u obscuro, mexicanos o extranjeros de un momento se hizo un silencio, me quede sordo pero escuchaba internamente lo que sucedía y la gente se veía brillante, estaba ahí en otra ciudad, tratando de purificarme y esta era la memoria que necesitaba.

Poco a poco empece a escuchar los latidos, primero de mi corazón, después uno a uno los de los que pasaban al lado mío, y sentí como palpitaban al ritmo de la música de mis audífonos, ¿estaré soñando? Fue un rato más hasta que regrese en mi, estaba empezando a llover, corrí a la siguiente calle y espere el bus turístico, me subí y me senté al final, quería contemplar la lluvia, ver las calles y hacer el recorrido, solamente me mojé un poco pero no importa porque la lluvia limpia el alma, se lleva las penas y sana el corazón.

Terminó la lluvia, el trayecto y al parecer el día también se había terminado, no quedaba más que seguir mi camino, aún tenía pendiente una parada pero sería mañana, estaba agotado, pasé de la tranquilidad a lo abrumante que puede ser una pequeña ciudad.

Se fue, se fue para siempre.

A.

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